
Entre un buen trago de tequila, un beso que estremece el corazón y un chili muy “picante pero sabroso” descubro ese mágico rostro, cargado de dolor, soledad y angustia. Esa mujer que hizo de su vida una obra de arte. Por cada paso que daba, chorros de pintura caían sobre un lienzo multicolor que dibujaban sus sentimientos, desde la mirada mas ausente hasta la lagrima mas sincera, desde el óleo mas puro hasta el pincelazo mas amargo.
Aferrada a una vida que desde pequeña amenazo con dejarla, a una cultura que cargaba orgullosa desde sus entrañas, en cada una de las trenzas que de su pelo caían, en cada traje que su cuerpo lucia y en cada canto mexicano que su voz apasionada entonaba sobre la luna y frente al sol.
Frida Kahlo es la antitesis de sus propias obras de arte, donde todo el mundo busca la perfección, encentrándose, por el contrario, con un espejo, con un reflejo de la más íntima soledad, de aquella búsqueda incansable de ese algo, a la que, desde antes de nacer, hemos sido destinados a seguir. Pero al mismo tiempo, esta mujer es un movimiento artístico por si sola, es un personaje que ha decidido romper la tela en la que fue pintada, huir del marco en la que fue puesta, y dejar huella en cada uno de los pasos que humanamente decidió dar… sin importarle extremos, sin importarle consecuencias, pues su único riesgo es el de vivir.
imagen tomada de http://camlyx3.files.wordpress.com/2009/02/fk200708_12.jpg

