miércoles, 3 de abril de 2013

P I N T A N D O F U T U R O





Este, no es un domingo como cualquier otro. El barrio entero se prende de fiesta a través del color y la alegría de su gente! Unos quince días antes nos hemos reunido con las personas que habitan la zona que será intervenida durante esta jornada. Con gran entusiasmo reciben la noticia que su fachada, aquella que deja ver el cemento, el ladrillo, la lata o cualquiera de los materiales con los que fue construida su casa, dejarán atrás el lúgubre aspecto de “obra negra” para convertirse en  un vivo retrato del sabor de quienes la ocupan. Ellos, por supuesto, son quienes escogen el color de su fachada.

Terrón Colorado está ubicado en la comuna número 1 de Santiago de Cali; este barrio cuenta con más de 100 mil habitantes que dan la bienvenida a la ciudad, a  todos aquellos visitantes y caleños que transitan por la vía al mar.  Me atrevo a decir que Terrón, con su geografía montañosa y sus más de 12 mil casas,  tiene una de las vistas mas privilegiadas del Valle del Cauca, una enorme riqueza en flora y fauna y un magnífico microclima, aquel que te hace sentir un fresquito rico desde que amanece hasta que anochece.


En las últimas décadas esta comuna, como muchos otros sectores del país, ha sido golpeada por la delincuencia y la violencia. Muchas veces los actos delictivos son cometidos por personas externas a la zona, manchando injustamente su reputación. Sin embargo,  estos estigmas no han impedido que un grupo de ciudadanos, caleños, se fijen en el potencial de este lugar, donde la mayoría de habitantes son familias trabajadoras que día a día se luchan la vida honradamente.

Se acercan las 7:30 de la mañana del día domingo y, el parque del Peñón, establecido como punto de encuentro, se va llenando de decenas de voluntarios que vienen dispuestos a darlo todo. Se les ha recomendado que escojan una “pinta que se pueda pintar”. Niños, jóvenes, adultos y ancianos llegan cargados de buena energía, que es justamente el único requisito para participar. 


Un día antes las personas del barrio han lavado sus fachadas, algunos inclusive las repellan y organizan para recibir con todo listo al equipo de Terrón Coloreado: fundación que inició su trabajo hace ya más de seis meses, y que hasta ahora, con seis jornadas realizadas, lleva 250 casas pintadas y más de 1000 personas beneficiadas.

La autora intelectual de esto: una caleña que creyó en el poder del color y la juventud como fuerzas vivas que transforman al mundo. Sandra Freiye se encargó de convocarnos y hacer parte a comunicadores, artistas, arquitectos, diseñadores y a la ciudad entera, de esta loca pero maravillosa idea de pintar Terrón!


Son varios los proyectos que a nivel mundial demuestran que en el color hay un gran potencial de cambio, no sólo físico sino también mental y emocional. Las favelas en Brasil y la ciudad de Valparaíso en Chile, son sólo algunos de los ejemplos que nos llevaron a fijar nuestras miradas en aquella zona que ha sido olvidada y desarticulada de la ciudad. Muchas veces los habitantes de Terrón dicen “voy para Cali’ cuando salen de su barrio, o los forasteros se declaran fuera de la ciudad cuando pasan por allí, desconociendo que es un barrio como cualquier otro dentro de la capital Vallecaucana.

Después de dar las indicaciones generales de la jornada, todos subimos en carros y buses hacía Terrón; cada grupo de 4 a 6 personas recibe la ficha de “su” casa, aquella de la cual será responsable de pintar; un guía les indica a los voluntarios la ubicación de la vivienda y es allí cuando empieza su inmersión en un día que seguramente les cambiará la vida.


 Aquí no existen estratos sociales ni color de piel, no existe religión ni afinidad política que importe, pues todo eso se borra con una buena brocha en una mano y un cuñete de pintura en la otra. Los equipos de sonido empiezan a sonar, con un buen vallenato, un clásico de la salsa y por supuesto el reggaeton no puede faltar. La minga entre visitantes y residentes vuelve el trabajo en diversión, y sin llegar a las diez de la mañana esto se ha convertido en un buen rumbononón de color y sabor.



 A medida que pasa el día, las largas escaleras que, diariamente deben subir y bajar los habitantes de Terrón, se convierten en obras de arte, las paredes en murales y cada casa empieza a  mostrar su personalidad con los detalles y dibujos que sus mismos dueños deciden añadirle. Al mismo tiempo todos los niños trabajan en un gran mural que convierte en espacio de recreación aquellos rincones olvidados, donde se acostumbraba a transitar con prisa y sin cuidado.


Nada de esto seria posible sin el apoyo que hemos recibido de la ciudadanía y de la empresa privada. Son ellos quienes han permitido que contemos con los recursos necesarios para llevar a cabo nuestra labor. Igualmente los medios de comunicación han pintado sus páginas y reportes de color, relatando nuestro trabajo y regando la voz de que allá, en Cali, hay personas que creemos en una mejor ciudad, un mejor país y un mejor mundo.


A través del color se están trasformando los imaginarios colectivos, tanto de los habitantes de Terrón como de esos cientos de voluntarios que participan en cada jornada. Las brechas sociales creadas por el estrato, el dinero y la apariencia se acortan cada vez más gracias a estos espacios comunes en los que miramos al otro como igual. Compartimos el mismo almuerzo, la misma birra, la misma ilusión.

Al final de la jornada, cuando veo todos esos rostros sonrientes, llenos de color, confirmo que aquí, mas que pintar muros y paredes, estamos pintando futuro!


Mi encuentro con Rigoberta Menchu


Hace algunos días, gracias a un amigo, tuve la oportunidad de conocer a Rigoberta Menchu Tum, Premio Nobel de la Paz (1992), reconocida por su lucha en pro de los derechos humanos, especialmente de la mujer y los pueblos indígenas.

Ya había tenido la oportunidad de leer sobre ella y sus iniciativas de paz, pero tenerla en frente, hablando a pocos metros, generó un impacto mucho mayor en mi. No precisamente por ser ganadora de un premio con tanto reconocimiento a nivel mundial, sino por su sencillez y carisma. Su visita a Colombia se dio en el marco de los 25 años del Premio Cafam a la Mujer, iniciativa que justamente destaca el trabajo de mujeres líderes en proyectos humanitarios con sectores vulnerables del país.

Rigoberta Menchu Tum
María Jimena Duzán, periodista encargada de moderar el conversatorio a modo de entrevista, se quedó corta en preguntas y apreciaciones ante semejante ser de luz que tenia frente a ella. La primera pregunta, cargada de cierto tinte sensacionalista, fue acerca del asesinato de sus padres y su hermano; su madre desaparecida, su padre quemado vivo y su hermano torturado y asesinado, las tres tragedias en Guatemala. Rigoberta dio un giro a esa pregunta, aclarando que la experiencia de cualquier otro ser humano tiene igual de importancia a la de ella. Contó su testimonio de vida, confesando ser una persona que cree en el AHORA más que en otra cosa, viviendo siempre el día a día.

A medida que hablaba yo sentía que el espacio se iba transformando hasta convertirse en la sala de su casa, con risas a bordo por su frescura y franqueza al abordar temas como la discriminación, la corrupción y la injusticia, que tan solo en su país han cobrado más de 200 mil vidas. Dichos temas han sido bandera por décadas dentro de su lucha por reivindicar la igualdad de derechos, llevándola al exilio por un tiempo y posteriormente a ser candidata presidencial en dos ocasiones.

Esta mujer, de no más de un metro y medio de estatura, y mas de 50 años de vida, advierte que “la política es un hobbie” que acompaña su otras tareas como la de ser guía espiritual, sanar y escribir, entre muchas otras responsabilidades que, como articuladora de paz, tiene. “Si yo quiero comodidad pues me quedo con mi premio Nobel de la Paz y ya” dice, pero comodidad es lo que menos a experimentado esta mujer que aún busca el rostro de su madre en todas partes, y a quien la vida le arrebató un hijo con tan solo cuatro días de nacido.

Mi foto "con" Rigoberta
De todo esto lo más admirable es que Rigoberta ha convertido su dolor en oportunidades, buscando con ello generar consciencia en otras personas y hablar por aquellas que han sido calladas o no logran ser escuchadas. “No debemos confundir el rol transformador de la mujer con el de victimización. Ya la mujer no debe ser victima… la humildad es diferente a la humillación”.

El caso Colombiano no se distancia mucho del Guatemalteco: mientras buscamos llegar a un acuerdo de paz, hay una nación entera que sufre el flagelo de una guerra que no tiene nombre pero si millones de rostros... entre esos esta el suyo y el mío, como alguna vez lo estuvo el de Rigoberta, en una nación hermana, sumergida en un mar de sangre. Por eso, el quejarse y sentarse a esperar debe ser remplazado por acciones que desde nuestra cotidianidad puedan transformar nuestra realidad y la de aquellos que nos rodean.   






lunes, 5 de noviembre de 2012

vInTaGe...


Así ocurrió mi primera vez…






…Siguiendo a mi hermano, aquella persona que, con su  caminar acelerado, me recuerda constantemente los dos años y cuatro meses que me lleva de ventaja en este mundo. Es un ser humano a quien admiro inmensamente, con un don de independencia y con unos pies de los cuales siempre desconozco su rumbo… y esta vez no era la excepción.

Estábamos allí, en frente de lo que parecía ser un ascensor; de repente este se abrió y Daniel, sin pronunciar palabra alguna entró; paso seguido, hice lo mismo. Cuando la puerta se cerró, sentí que mi mundo entero se movía, “debe ser el calor” pensé y me senté en una de las pocas sillas libres que había dentro de esta pequeña habitación.

No entendía exactamente en qué lugar del planeta me encontraba. Al levantar la cabeza, después de amarrar mis cordones, me sorprendí rodeado de decenas de personas, unas más particulares que las otras, parecían personajes sacados de una fantasía de Tim Burton, algo así como Big Fish. Había gente de distintos tamaños, colores, olores y, aunque no los probé, me atrevería a decir que diversos sabores.

Por un momento pensé estar en una librería o una tienda de música. Algunas personas caminaban de un lado a otro, con sus ojos y oídos conectados a su iPhone, BlackBerry, Discman e inclusive a su Walkman, mientras otros leían el periódico, una revista o alguna novela como Harry Potter o Twilight. Mi atención fue cautivada por un espectáculo musical de un grupo de cantantes africanos, quienes usaban coloridas vestimentas que contrastaban perfectamente el tono oscuro de su piel; sus ritmos y bailes contagiaron de alegría a todos los allí presentes. Después siguió un trio de indígenas bolivianos con bella música andina; una europea que danzaba con una esfera de cristal por todo su cuerpo acompañada por un violinista y, finalmente, un grupo de jóvenes malabaristas, que me envolvieron en un circo del sol callejero.

Los idiomas se paseaban de un lado a otro en este lugar. Junto a mi escuchaba un saludo en portugués, un “te quiero” en francés y un adiós en mandarín, mientras unos argentinos hablaban con sus amigos italianos, una checa cantaba en ruso y unos padres alemanes se dirigían a sus hijos en inglés.

Continuamente entraba y salía gente del mágico cuarto. Cada detalle me llevaba a pensar que estaba en un sueño de Woddy Allen, donde no hay espacio para el ridículo, pues todo es posible. Todas las culturas, religiones y creencias estaban allí reunidas; judíos, ortodoxos, cristianos, musulmanes e hindúes, por nombrar algunos, compartiendo unos con otros. Parejas homosexuales, heterosexuales y muy sexuales en esas cuatro paredes… “es el mundo en un solo espacio” pensé.

En ese momento Daniel tocó mi espalda y me dijo “llegamos”, y a los pocos segundos se escuchó una voz en el fondo que decía “la siguiente parada es Times Square”. Me encontraba en uno de los tantos vagones del metro de Nueva York, aquella ciudad que se ha ganado, con toda razón, ser la capital del mundo. Fue maravilloso salir de la estación y estar rodeado de tantas luces y rascacielos, sentirme en el set de una película de Hollywood, recorrer las calles de aquella gigante que nunca duerme. Los sueños de los artistas, los flashes de los turistas y el palpitar de mi corazón al ritmo de “I love New York” me advertían que este, el primer mordisco que le daba a la gran manzana, era tan solo el primero de muchos por venir…

viernes, 24 de agosto de 2012

DilemaNoDilema




Un café por favor. Que sea descafeinado, con leche descremada y deslactosada. Gracias.
… Señor, disculpe ¿esta seguro que lo que quiere es un café? 





miércoles, 6 de junio de 2012

Semáforo



El semáforo se detuvo. 
Pasaron 30 segundos, 
un par de minutos, 
varias horas… 
la luz roja nunca dejó de alumbrar, 
y la verde jamás volvió a encender. 
Estáticos, 
en sus autos, 
los pasajeros vieron la vida pasar, 
y con ello, la muerte llegar. 

sábado, 2 de junio de 2012

Habanero con nacionalidad extranjera…




“Nos falta todo pero no nos falta nada”… con esa frase empezó mi aproximación a Cuba, la tierra de la abundancia humana, cultural e intelectual… tierra con un legado de modestia material, que con prudencia empieza ahora a cambiar.  


Malecón
El avión aterriza en el José Martí, aeropuerto de La Habana que lleva el nombre de su héroe nacional. El color rojo predomina en la estructura de este lugar vanguardista que contrasta fuertemente con el aeropuerto del cual me embarqué, el de Panamá: fiel retrato del capital-istmo.  El contraste no es porque sea mas lindo o feo, no, va mucho más allá de eso. Impacta la ausencia de contaminación visual, impacta la limpieza de las paredes y la nula aparición de marcas como Mc Donalds, Cocacola o Subway, las cuales, para el resto del mundo (desde una mirada occidental) son los logos más comunes con los que nos topamos en cualquier terminal de aviones. 



Destino: Habana
Aún en Panamá, parado frente a mi puerta de embarque, me invade una gran alegría al ver en la pantalla: Destino: HABANA. Por fin se hace realidad aquel sueño de conocer la tierra a la que, desde hace varios años, siento que le pertenece una parte de mi alma. Habitaría por fin la cuna del son, el bolero y la salsa; el famoso aliado de la Unión Soviética y conocido opositor de Estados Unidos; la tierra de Celia Cruz y de mi gran amiga Yohania. La inspiración de tantos poetas, artistas, escritores y periodistas como el gran bohemio Ernesto Hemingway. Conocería el motivo de exilio de tantos habitantes de la Calle 8 en Miami y a los defensores de la revolución del 59. 


Caminaría por fin a través de los pasos que alguna vez recorrió Fidel y de las ideas que el líder argentino, El Che, imprimió en las raíces del tabaco y la caña de azúcar, labrando con sus manos una lucha socialista por la libertad de la patria. Una patria que modificó su Constitución para hacer a éste hombre parte de un cambio político que marcaria la historia del mundo; cambio que a gritos pedía el pueblo cubano. Un pueblo en amenaza de ser  aplastado por aquel andamio norteamericano que sostenía al títere de Batista…

Desde entonces la Revolución traspasa aquella plaza que lleva dicho nombre, que con orgullo hace honor a Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara y, por supuesto, a José Martí; este lugar es símbolo de persistencia y autonomía mundial, propicio para construir Paz sin Frontera, como alguna vez lo cantó Juanes.

Tribuna Antimperialista
Cae la noche en la bella Habana, las luces que rodean el Malecón se encienden,  el viento cubano sopla con fuerza las banderas de la Tribuna Antiimperialista, y bajo ellas bailan cientos de personas, locales y extranjeros, que con su peinado yonki y su cerveza Bucanero en la mano, celebran el primero de enero, no solo por el nuevo año, sino por el Aniversario  Número 54 de la  Revolución.

“My mojito in la Bodeguita, My daiquirí in El Floridita” decía Hemingway… “Mi Havana Club en el Malecón, y el grupo Niche en el Almendrón”, digo yo.  Una misma Habana, diferentes formas de vivirla. Su encantadora Habana Vieja no tiene nada que envidiarle a otros barrios como el Montmartre en Paris o el Old Town en Praga. Sus bellas calles se caminan sin cansancio, con turistas por doquier y el son cubano por tu piel. Sus paredes parece que hablaran y contaran historias de piratas, de colonizadores españoles y de independencias anheladas y, algunas de ellas, culminadas.

Varadero
No puedo negar que quedé fascinado con el imponente Hotel Nacional, predilecto lugar de estadía para las estrellas de cine durante el famoso festival de Séptimo Arte en La Habana; o con el Barrio Miramar, ocupado por estas gigantescas casas, convertidas en hermosas embajadas y tiendas de lujo; o con el Colegio San Gerónimo, donde hace ya 284 años nació la Universidad de La Habana; mentiría si dijera que no he quedado fascinado con eso. Pero también debo confesar que soy fiel amante de esa otra Habana, la   de esas profundas calles que conforman la Avenida 10 de Octubre, donde un dedo a la derecha indica el Barrio Vedado y el dedo a la izquierda la Habana Vieja. Donde las grandes columnas, muchas de ellas con fachadas desgastadas, en su interior están llenas de color, por la alegría de su gente y su exquisita sazón. Me refiero a La Habana de Helados Copelia, esa donde, después de una larga fila, cinco bolas de fresa y un par de “cakes”, son apenas el postre perfecto para uno en la mesa. Hablo de aquella Habana custodiada por una Alma Mater desde las grandes escaleras de su Universidad, que protege a su hija de la pobreza intelectual y la ignorancia. Esa ciudad que te mima, te susurra poesía y sana tu alma, Habana que te envuelve con su encanto, su acento y su tumbao; que te deleita con su riqueza, que no es más ni menos que su gente; allí está la magia, en La Fuente Viva de Cuba, como el escritor Miguel Barnet ya lo diría.

Almendrón
 Ahora, si usted me permite, por tan sólo 10 pesos moneda nacional, acompáñeme en mi paseo por almendrón y déjeme invitarlo a vivir esa Habana, aquella donde el calor humano se respira y se siente al 100%, donde no puede faltar la música, la yuca con mojo y un buen roncito pa’ celebrar. Y no se le ocurra preguntar qué se celebra, porque más de mil razones han de aparecer, desde la vida, la compañía, la Buena Fe y la santería. Esta es la Habana donde el billete de 3 pesos, con el rostro del Che, deja de ser un souvenir para tomar valor real. Donde todas las noches el Malecón se convierte en la mejor discoteca de Cuba, acompañado por supuesto de una botellita de Havana Club, un poco de Tucola (y de la mía) y un vasito de raspado de dos pesos pa’ mezclarlo. 

“Tú pareces más cubano que los cubanos” me dicen, y para mi eso es melodía a mis oídos, un piropo incalculable; otro motivo para sentirme un habanero más que camina por la calle 23, por el Vedado y pasa gustoso por el Teatro Yara, como si desde chico, hubiese visto centenares de películas allí.



 Por ahora me despido, al estilo Havanization del cantante Raúl Paz, como si nada, como si nada, porque yo me siento bien, caminando por La Habana…