Alguna vez… recorriendo los lunares de tu cuerpo, que forman figuras aun no descubiertas por la geometría, me encontré con una persona desconocida. Me parecía familiar, creía haberla visto en algún lugar, pero pensé que era cuestión de imaginación.
Se me acerco y me saludo con una gran sonrisa y unos ojos negros que brillaban, como si dentro de ellos viviera la luna… mientras el sol hacia de las suyas durante el día.
La salude, algo desconcertado, pues no comprendía lo que pasaba… hace unos segundos mis labios estaban paseándose sobre tu cuello, y ahora me encontraba desnudo, con algo de vergüenza, frente a una persona extraña que continuaba hablándome con gran amabilidad….
Trate de caminar hacia atrás sin escuchar lo que me decía, con algo de temor, sin que esta persona se diera cuenta… pero no fue posible. Algo o alguien impulsaba mi cuerpo, mi alma y mi pensamiento, me hacían ir hacia ella…
Decidido a afrontar lo que fuera… estire mi mano para presentarme, para dar la cara y sin saberlo, el corazón, a aquella persona que venia a buscarme y que, como lo había dejado claro, no se iría sin mi…
Mientras esperaba con los ojos cerrados que tomara mi mano, me dijo….
- No hace falta que te presentes… Soy EL AMOR y, bien que te conozco…-